En el Camino: 15 Verdades Poco Glamorosas del Nómada Digital

Hay muchas cosas que no se dicen cuando se habla de la vida freelance. O más específicamente, de ser nómadas digitales.

Muchas veces las marcas, las redes sociales y el marketing en general, glamorizan un estilo de vida que muchas veces peca de ser muy poco instagrameable.

No hay nada más lindo y liberador, en mi opinión, que no tener que esperar a las dos semanas de vacaciones por año para poder salir al mundo. Entiendo que esto representa un paradigma extraño y hermoso, un estilo de vida que de lejos parece funcionar a la perfección.

Pero nada es perfecto, claro. Por eso estamos recalculando. En los últimos días, cada vez que me subía a un tren abría la aplicación de notas de mi teléfono y hacía un brainstorm personal. ¿Qué no te muestran cuando hablan de la vida perfecta del nómada digital? ¿Qué es lo que esconden NomadList, Remote Year y tantas otras empresas que monetizan el ideal del gitano moderno?

Estas son 15 cosas que, en mi opinión, marcan la vida del nómada digital. Pueden ser detalles menores o grandes decisiones. Pero ayudan a ver el panorama completo – lo que no te muestran las fotos lindas de Instagram y los videos promocionales del viaje que puede ser los próximos años de tu vida.

1. Estás viajando, no estás de vacaciones.

Va primero en la lista porque es elemental. El año pasado pasamos una semana en Bali. No teníamos días de vacaciones, por lo que fuimos con el plan de trabajar full-time y disfrutar de la playa y la jungla en nuestro tiempo libre. Sufrimos la maldición del nómada digital: cada día cuando terminábamos de trabajar, cerca de las 5 de la tarde, comenzaba a llover torrencialmente. “¡Época de monzones!”, nos advirtieron los locales. Fuimos muy ingenuos al creer que íbamos a poder disfrutar de la isla como si fuéramos dueños de la enteridad de nuestro tiempo.

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“Día de playa en Bali” si vas en plena época de monzones.

Cada vez que llego a un destino nuevo, lo quiero devorar. Quiero perderme en las calles, hablar con extraños, probar la comida y sentarme por horas en un café a ver pasar a la gente. Pero primero está el trabajo, sobre todo porque es lo que te permite poder seguir viajando. Las obligaciones tienen que ser prioridad, y eso cambia el panorama. Los paseos y los tours tienen que esperar, primero hay que trabajar.

2. FOMO doble.

Este ítem está intrínsecamente relacionado al punto anterior. FOMO es como llaman los americanos al miedo de estar perdiéndote algo. En nuestro caso, el FOMO es doble. Por estar trabajando un tercio del día, muchas veces sentís que te estás perdiendo disfrutar una nueva ciudad. Hay días que me despierto pensando en deadlines, abro la ventana y es el día perfecto para agarrar una bici y recorrer el Central Park de Norte a Sur ida y vuelta. Pero me tengo que sentar a trabajar. Al mismo tiempo, también es FOMO de lo que está pasando en casa. Hoy domingo hice videollamada con mi familia mientras mi hermana preparaba la picada, mi mamá abría un vinito y mi papá ponía en el horno una lasagna hecha por él. La teletransportación me vendría bárbara un domingo al mediodía.

3. Bed Lag.

Cualquier persona que haya atravesado un par de zonas horarias para llegar a destino conoce el efecto del jet lag. Es horrible, tenés sueño todo el tiempo, excepto cuando te levantás a las 4 am con energía para correr una maratón. Spoiler alert: esa energía se desvanece apenas te levantás. Es una combinación de estar ebrio y dormido y es lo peor que hay, sobre todo para adaptarte a la ida o al regreso de un destino.

Como nómadas digitales, experimentamos algo similar. Lo llamo “bed lag”: la cantidad de noches que necesitamos para acostumbrarnos a un nuevo lugar, al colchón, a los ruidos que entran por la ventana, a los sonidos que hacen los vecinos, al goteo de una canilla y el ladrido de un perro vecino al final del pasillo. Cuesta poder asimilar el entorno para lograr un sueño “tranquilo”. Y una vez que se empieza a sentir normal, es hora de empacar e irse. En otro hogar hay un nuevo bed lag esperando.

4. Nueva ciudad, nuevo barrio.

¿Dónde hacer las compras para hacer el almuerzo? ¿Dónde conviene lavar la ropa, las toallas, las sábanas? ¿Cuál es la ruta más corta a la parada de tren? ¿Qué línea conviene tomarse cuando volvemos tarde a la noche? – Al llegar a un nuevo destino, estas son preguntas que pueden parecer mínimas pero que hacen a la experiencia completa. La conclusión: lleva tiempo aprender las mañas de un nuevo barrio. Y apretar el botón de reset una vez por mes significa volver a aprender estas mañas de cero, en una nueva ubicación.

5. Es posible cansarte de viajar.

Suena desagradecido, por decirlo de alguna manera. Pero les prometo que es posible. No creo que nos haya pasado (aún), pero es muy común en nómadas digitales el agotarse de la vida de viaje. Esto ya lo dije: cuando llegás a una nueva ciudad querés devorarla. Es probable que, como trabajás muchas horas, pases tu tiempo libre recorriendo la ciudad y haciendo un poco “vida de turista”. Y la vida de turista es agotadora. Hoy caminamos más de 16 kilómetros como si nada, recorriendo a nuestro propio ritmo desde Times Square hasta Chinatown. Si elegís quedarte un día entero viendo series y jugando a los videojuegos sentís que estás traicionando tu corta estadía en la ciudad. Entonces salís, a veces hasta agotarte.

6. Gastos por doquier.

Y este punto se relaciona con el anterior. Salir a cenar, hacer algún tour, comprar un paquete de pañuelos y un agua en un 7-Eleven, parar a tomar un café para recuperar temperatura o energía. Cuando querés darte cuenta, te quedaste sin efectivo (el que esperabas que dure hasta el fin de semana.) Y ni hablar de las diferencias de presupuesto entre una ciudad y otra. El año pasado estuvimos cuatro meses en distintos destinos del Sudeste Asiático; y ahora estamos recorriendo New York. No hay dos puntos más alejados en el espectro de “gastos por día”, y eso nos llevó a tener que repensar el presupuesto (y los próximos destinos.)

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Sentarte en un café a trabajar un rato: otro gasto adicional.

7. Menos es más.

Sobre todo, hablando de equipaje. No hay nada más incómodo que viajar híper cargado, tener que lidiar con sobrepeso en la valija al llegar al aeropuerto, acarrear por 8 países un abrigo hermoso que peca de ser muy poco práctico. Y encima: imposible de combinar.

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Vivir viajando: Una mudanza por mes.

Marie Kondo lo dice: “no tenés poco lugar, tenés demasiadas cosas.” El tiempo pre-viaje se convierte en la ocasión ideal para hacer una limpieza profunda del placard, donar/regalar lo que no uses, y empacar lo que realmente te gusta y sabés que vas a usar una y mil veces.

8. Una y mil veces.

Mencioné los paseos, y también la necesidad de viajar con poco equipaje. Uniendo puntos, esto significa que los atuendos se repiten, y mucho. Vas a visitar lugares hermosos y en todos los retratos vas a estar usando la misma campera. Encima, si traes tu ropa favorita es probable que la temperatura de los secadores del laundromat la aniquile en cuestión de semanas. Hay un sistema, “The System”, que sin conocerlo realmente ha sido lo que he llevado a cabo con mi guardarropas. Una cantidad limitada de piezas en colores neutrales que pueden combinarse entre sí. Y una remera de la NASA para dormir, claro.

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Todas estas fotos son de días distintos. ¿Ven lo que les digo? ¡La misma campera!

9. Olvídate de los souvenirs.

Principalmente, por dos motivos. Uno es el espacio que ocupan en el equipaje, claro,  a menos que puedas enviarlos a tu país de origen (no es una opción a Argentina, le complicarías la vida a todos). Otro motivo es que no tenemos casa para decorar, o heladera para llenar de imanes: la vida nómada digital significa, en conclusión, tener mil casas en el mundo pero ninguna propia. 

Entonces vas a ferias preciosas en Tailandia y Camboya, a locales diminutos en el centro de Shinjuku, a una feria de vinilos escondida en Greenpoint, Brooklyn – pero salís con las manos vacías. Es una de las peores partes, aunque también es una excusa para esos amigos que ves una vez al año y te escriben pidiéndote cosas: ¿Uds. saben lo que pesa un vinilo?

10. No te enfermes.

Cuando uno viaja, sobre todo cuando lo hace trabajando y en un presupuesto acotado, renuncia en gran parte a la comodidad del hogar. Lo que llaman salir de la comfort zone: es literal. Y es un bajón estar enfermo e incómodo.

Hay una regla básica: no podés salir del país sin un seguro médico. Hay destinos que, incluso, pueden prohibirte la entrada si no tenés una buena asistencia al viajero. Da igual, con seguro no tanto pero de todas maneras: enfermarse es de lo peor cuando estás lejos de casa.

11. ¿Qué hora es?

Un detallito de viajar y trabajar: tus compañeros y tus tareas suelen mantener un horario más o menos fijo, mientras que vos estás cruzando zonas horarias como si fueran carriles de autopista. En algún momento, esos cambios te alcanzan. Vas a encontrarte teniendo reuniones a la 1 am, sentado en la cama a las 3 de la mañana poniéndote al día con un colega, o quedándote todo el día terminando una tarea que era para ayer – tranquilo: ayer en Japón.

Es muy probable que Slack y sus alertas te persigan a donde vayas. Pero no caigas en la tentación: apagar las notificaciones puede tener grande consecuencias.

12. Un Gasto Inesperado: Aeropuertos.

Hay dos argumentos para presentar en este caso. Por un lado: los gastos de traslado de y hacia los aeropuertos.

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De cuando una tormenta hizo que suspendan mi vuelo… y otros 20 también.

Ah, la magia de la tecnología aeronáutica. Una ventaja es achicar las distancias con relativamente todo el mundo. Una desventaja: ubicar los aviones lo más alejados posibles de la civilización. Ya les conté la debacle del taxi millonario en Japón, pero no solo sucede en Asia. Muy pocas ciudades fomentan el transporte público de y hacia los aeropuertos (cargados de valijas, etc), por los que tenés que incurrir en gastos adicionales de Uber, Taxi, Super shuttle, etc. Ni hablar si elegiste un vuelo más barato por el horario desquiciado: no siempre hay trenes 24 horas y el taxi suele tener un costo adicional si lo tomás de noche. Nosotros cargamos con una valija de 23 kg y una de 8 kg: subir y bajar escaleras del tren es una maldición.

Y el gasto de los aeropuertos. Todo un tema. Porque trabajar viajando muchas veces significa, literalmente, trabajar en el aeropuerto o en el avión. Y para sentarte en un café es un gasto adicional, o pagar una hora de WiFi. Sobre todo cuando viajas con presupuesto acotado y elegís vuelos con mil horas de layover. Eso significa otro gasto inesperado para sumar al final del día.

13. Los problemas pueden perseguirte.

Ah, esa hermosa fantasía de “largo todo y me voy a la mi*rda”, como si un pasaje de avión incluyera un borrón y cuenta nueva. No es así, lamentablemente. Los problemas que tenías en tu casa viajan con vos, en tus valijas y en tu carry on. Si no estás bien con tu pareja, por más que estés en el paraíso van a tener los mismos problemas. Si odiás tu laburo, también vas a odiarlo –  pero desde otro escenario. Hay cosas de las que sí podemos escaparnos – el precio del bondi en Córdoba, por ejemplo. Pero en general, lo que no enfrentes en tu hogar va a perseguirte hasta que lo hagas, donde sea que estés.

14. Compañeros de casa.

Uno pensaría que como adulto, puede disfrutar de cientos de libertades. En especial esas cosas que uno deseaba cuando vivía con sus viejos y anhelaba una independencia económica, o poder cenar helado y ver tele en ropa interior al volver del trabajo. A veces, por cuestiones de presupuesto, tenemos que hacer algunos sacrificios. Como por ejemplo, alquilar una habitación en una casa en lugar de tener todo el lugar para nosotros.

Aquí entran los roommates. Hemos vivido con gente de distintas nacionalidades, con costumbres muy distintas y formas de ser abismalmente diferentes. Muchas veces eso está buenísimo: en Nueva York una española nos recomendó lugares geniales y nos regaló un vino cuando se fue de la casa. A veces, no tanto. Como cuando llegamos al mismo hogar una noche listos para comer y alguien se había comido nuestra cena…

15. La maldición de tener el trabajo ideal.

Como decía el tío Ben: “Con grandes poderes vienen grandes responsabilidades”. Tener un puesto que nos gusta y nos permite tener el estilo de vida que elegimos, significa un estrés completo y constante. Porque es un puesto por el que vamos a trabajar el doble por mantener. La amenaza existe porque sabemos que lo bueno dura poco – y estamos en una burbuja que tenemos que mantener inflada todo el tiempo.

Si explota, significa quedarnos sin trabajo y sin casa – todo envuelto en un combo bastante volátil. Ese riesgo es el que elegimos correr todos los días, pero por suerte, hasta ahora vale la pena.


Si leíste hasta acá: ¡Gracias por la paciencia! Estuve varias semanas bocetando este artículo y me alegra mucho poder compartirlo. Si sos nómade digital o viajero – ¿compartís alguna de estas verdades? ¿Tenés alguna para agregar?

Este fue el relato de nuestra primera parada, New York. Durante las próximas semanas, seguiremos instalados en la lluviosa Miami. Pueden seguirnos a tiempo real en nuestras cuentas de instagram, @romikid y @maxialbella.

Después, los invito a que sigan atentos a Kilo India Delta por muchos más viajes y relatos en primera persona de los destinos que recorremos. ¡Gracias por leer!

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15 thoughts on “En el Camino: 15 Verdades Poco Glamorosas del Nómada Digital

  1. Me encantó tu artículo (sobre todo porque está bien redactado #redacnazi).
    Amo estos artículos “desenmascarantes”. También porque atrás estás vos que pese a todo seguís eligiendo ese estilo de vida, y encontrándole la vuelta. Amén a esa energía!
    Abrazo viajero!

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  2. Buenisimo el post!
    A mi me pasa viajando por trabajo. Comparto cada una de las cosas que decís.
    Y me da un cacho de nostalgia linda ver que volvieron los blogs (o nunca se fueron). Y que estoy comentando acá en un lugar donde alguien se toma el trabajo de escribir un buen y concienzudo post.

    Abrazo!

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    1. Hola, Javi 🙂 ¡Gracias por lo que me toca! Dicen que nunca se fueron, en mi humilde opinión mientras exista un canal habrá un mensaje… (emoji de puñito) – ¡Feliz finde y gracias por leer!

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  3. ¡Muy buen post! Aunque no soy nómada digital, elegí cambiar de ciudad un par de veces en los últimos años, y viví algunos puntos de la lista, como el Bed-Lag, el achicar pertenencias, el no comprar souvenirs (o porquerías, como las llamo yo afectuosamente) porque no hay dónde llevarlos/guardarlos. El punto 13 me recordó a lo que dice mi abuela Tita: “Cuando llegues al nuevo lugar vas a abrir la mochila y te vas a encontrar con las mismas cosas que empacaste antes de salir”.

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    1. ¡Gran sabiduría la de la abuela Tita! Y también estoy de acuerdo con lo de las porquerías. Aunque me quería traer absolutamente todo de Japón… ¡Gracias por leer, bella! Seguimos en contacto 🙂

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  4. It’s so great that you both have the stamina for this kind of travel, Romi. When you later run low on juice { although that may never happen, in your case. ; ) } and want to stay settled, this time in your life will have provided you with some amazing adventure stories. You’ll for sure be a hit with the coffee shop crowd.

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    1. Thanks for the kind words, my friend! If I ever run out of juice, I know I’ll have friends like you around the world to keep me company when I want to settle down. Although I don’t see that happening any time soon 😛 – Thanks for reading and being around! Miss you!

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  5. Siempre un gusto leerte romilove! Yo te veo y veo el enorme desafío que implica vivir de viaje trabajando, pero no hay nadie a quien imagine viviendo asi, con tanta alegría y convicción ,más que a vos. Sos una verdadera aventurera, cumpliendo los sueños de los que te leemos por acá,y te chusmeamos en esas fotos hermosas que le dan a uno ganas de armar la valija YA. Así que adelante mis valientes jaja! a vos y al maxi que son super compañeros en esta aventura. Desde acá les envio mi cariño. Me inspiran y me motivan. No le aflojen al laburo y los aeropuertos! que asi seguimos soñando destinos al verlos ❤

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    1. ¡Qué hermosas palabras Dani! Gracias por leer, y gracias por lo que nos toca. Siempre hay gente que nos inspira en las aventuras y vos, con tu libertad creativa y tu arte constante, sos una de ellas. ¡Te extraño y quiero siempre!

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