11 Claves Para Entender la Vida en Malasia

Malasia. Un país del sudeste asiático con casi 30 millones de habitantes, en su mayoría de etnias malay, china e india. Este país ocupa parte de la Península Malay y de la isla de Borneo. Se lo conoce por sus playas, sus bosques tropicales y por su particular mix de culturas.

También es el país para el que trabajo hace dos años, y en el que vivo hace 4 meses.


Cuando me llegó un email invitándome a enviar mi curriculum a esta compañía, jamás esperaba que esté del otro lado del mundo. Cuando empecé a trabajar para ellos, desde el escritorio de la casa de mis papás en Villa Carlos Paz, jamás esperaba que un día me envíen boletos aéreos para ir a conocerlos.

Tampoco esperaba que contraten a Maxi, mi novio, y que gracias a eso, decidamos lanzarnos a esta vida semi nómade digital, que tantas peculiaridades tiene.


Sería un understatement decir que Malasia es diferente a Argentina. Como otros países de esta parte del globo, Malasia es un país musulmán. Lo gobierna un monarca (que solo puede ser malay y musulmán). El deporte preferido es el badminton. La comida nacional es Nasi Lemak, aunque la variedad de platos es tan amplia como la de etnias en sus habitantes. Pero eso es material para otro escrito.

En este artículo les voy a contar algunas de las cosas que me han llamado la atención de este país. Algunas de las claves que me han ayudado a entenderlo, o mejor dicho, a no entenderlo – pero apreciarlo desde sus diferencias colosales con mi Argentina natal.

1. Jamás señales con el dedo índice – o usando los chopsticks.

Como el resultado de la combinación de culturas, Malasia acarrea creencias de orígenes diversos. Una de ellas es que si alguien te señala – ya sea con el dedo índice o con los palitos chinos, te está enviando una maldición (¿vía WiFi? Quién sabe.) Lo cierto es que esta costumbre los ha llevado a adaptar esta práctica, y si alguien quiere mostrarte algo lo hará usando el pulgar con el resto de los dedos cerrados en un puño.

Bonus track: tampoco podés “señalar” usando los pies, ya que es una muestra de faltarle el respeto a alguien. Sobre todo si estás sentado frente a una persona, tenés que cuidarte de no apuntarle con tus pies.

2. Traspaso de dinero.

¿Se acuerdan que conté cómo era este proceso en Japón? Bueno, en Malasia también tiene mecanismos distintos. Para dar o recibir dinero, hay dos formas de hacerlo. Una: entregándolo con las dos manos, como en un gesto que acentúa la ofrenda. La segunda alternativa: Dar el dinero con una mano, mientras que con la otra tocas el codo de la mano que entrega. Le pregunté a mis amigos locales a qué se debe esta práctica, pero nadie supo contestarme. Sin embargo, se reproduce en varias ciudades de Malaysia y en Singapur también.

3. Ni hola ni chau.

La gente de Malasia es muy cálida. Esto se manifiesta sobre todo con la comida: están tan orgullosos de su cocina local, que seguro van a insistir en llevarte a probar mil platos distintos o van a querer cocinar para vos. Y creeme; es imposible negarse. Es casi una ofensa nacional rechazar una salida a comer. Quienes visitan este país suelen volver con unos kilos de más, y eso sucede por la simple razón de que todos los planes aquí giran en torno a la comida.


No existe el “salgamos a correr” o “nos juntemos a tomar algo”. Ya voy a explicar más adelante como es el tema del alcohol, pero definitivamente no figura en el común de los planes.

Igual me estoy yendo de tema. Retomo: La gente de Malasia es muy cálida. Sin embargo, no tienen la costumbre de saludar o de responder un saludo. Y no solo hablo de dar un beso en la mejilla o un abrazo al ver a un amigo/conocido como es común en Argentina. También incluye el llegar a una casa y no decir “hola”, ni responder al “Good morning!” cuando atraviesan la entrada a la oficina.

El ejemplo que más grafica esta situación es cuando al salir de un ascensor se me escapa un “bye, thank you” y 10 personas me miran como si estuviera loca, y mis palabras quedan resonando en el pasillo vacío, haciendo un eco que vibra hasta llegar a Júpiter.

4. El poder de la mano.

Cruzar la calle en Malasia es una hazaña que puede resultar muy estresante para extranjeros como nosotros. Esto se debe a varios motivos: acá se maneja por el lado contrario del camino, la gente no frena en las esquinas, y en muy pocas zonas hay veredas y semáforos. En el resto, debés aprender un truco para poder cruzar y poder contarlo: el poder de la mano.

Básicamente, al extender tu mano mostrando la palma a los conductores lográs que el auto se detenga y te deje cruzar. No importa si no estás en la esquina, si no hay senda peatonal o si viene a 220 km/h. Según la teoría, al mostrar la mano el auto se detiene de forma automática.

Disclaimer: Esto solo funciona al 100% si sos malayo. En mi caso no siempre funciona – pero sigo intentando. (Puede fallar, decía Tusam)

5. El Asian Squat.

Dicen que una imagen dice más que mil palabras. Este es el Asian Squat:

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Aunque la foto fue tomada en Kyoto, describe a la perfección esta posición ubicua en el continente asiático. Hombres y mujeres por igual adoptan esta postura cuando están “chilleando”, esperando un colectivo, mensajeándose con amigos vía WeChat, cocinando (sobre todo en puestos de la calle) y hasta cenando. Mi amiga Marta me compartió este video que lo explica ampliamente.

Los inodoros en su mayoría son “squatting toilets”, por lo que es apropiado que vaya practicando esta posición desde pequeños. Eso sí: cuando el inodoro es “western” o de taza, como en Argentina también se agachan pisando los bordes, por lo que suelen estar muy sucios o incluso rotos.

6. Baños inundados.

Siguiendo con el tema y para ir cerrándolo, haré una pequeña mención de una de las cosas que menos me agradan de Malasia: los baños. Para empezar, suelen estar empapados, con varios centímetros de agua en el piso. En vez de bidet usan una manguera que está dispuesta al costado del inodoro, pero es práctica común mojar tanto las paredes como el piso luego de haberla usado para su fin principal.

No se encuentra papel higiénico, salvo afuera, ya que lo usan para secarse las manos. Esto me confunde sobremanera, pero ya me acostumbré a llevar siempre conmigo un paquete de papel tissue y otro de pañuelos con loción antibacterial para las manos.

En baños públicos, no siempre se respeta la fila y las mujeres suelen colarse si están apuradas. Usualmente, se apilan por puerta en vez de esperar que cualquiera se desocupe. Me ha pasado de esperar quince minutos afuera de un stall para abrir la puerta y encontrarme con un squatting toilet. NOPE.

7. Todos somos parientes.

O al menos eso parece, ya que el tratamiento natural a extraños es llamándolos “Auntie” o “Uncle” – que significa “tía” o “tío”. Si vas a un mercado local van a tratarte mucho mejor, y probablemente cobrarte menos, si en vez de decirle “Excuse me…” le decís “Hey Auntie!”. Es parte de los códigos que te identifican como menos “outsider”.

8. No hacen falta palabras.

Otro de estos códigos que te hacen encajar mejor en el grupo, es tan sencillo que resulta casi imperceptible. Al comer dim sum, algo tradicionalmente chino y que todos adoran, alguien pasará a servirte té. El té se sirve en una taza de las dos que tenés al frente. Luego, volcás la mitad en la otra taza así se enfría y es más fácil tomarlo.

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Ah, el mundo del dim sum. Todo esto que ven es Dim Sum, desayuno para tres.

Cuando pasa alguien a rellenar una de tus tazas, no podés darte el lujo de dejar de comer (ni por un segundo). Entonces, en vez de decir “Gracias”, con tu dedo índice y el medio le dás dos golpes a la mesa: eso suplanta el agradecimiento.

9. Lah Guevara.

Una vez, hablando con un amigo local, le conté que en Argentina decimos mucho “Che”, y que a esa expresión le debe su apodo el famoso “Che” Guevara. Su razonamiento puso en claro otro código local: “Si él hubiera sido Malayo, le dirían Lah Guevara“.

“Lah” es una expresión súper malaya, ubicua, casi tanto como nuestro “che”. Suele ir al final de las oraciones, y su principal uso es cuando alguien te pregunta “Can I…?” (Puedo…?) Y le respondés: “Can can, lah” o “Cannot lah”. Es tan común su uso y se me ha pegado tanto que probablemente ya la adopte hablando en español. Can you believe it? Can not lah!

10. Trabajo de equipo.

Es común en Malasia, como en otros países de Asia, ver a dos o tres personas haciendo el trabajo de una. El ejemplo más claro es en Subway, donde cinco empleados colapsan el mostrador y uno sostiene la pechuga de pollo mientras otro la corta. Aún hoy no entiendo el sentido de esto, pero es notorio a lo largo del continente.

Parece no tener mayores consecuencias que la necesidad de generar un poco más de paciencia: hay muchos pasos en procedimientos cortos, mucha burocracia en los pequeños trámites, y vas a aprender a sobrellevarlo.

11. ¡Un brindis por Malasia!

Quiero desmentir, por una vez y para siempre, que en Malasia no se consigue alcohol. Sí se consigue – en algunos estados más que en otros y bajo ciertas condiciones, pero sí.

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Vino australiano en un barcito/bodega de Georgetown.

Malasia es un país musulmán, y aunque la prohibición de tomar alcohol no esté en las leyes nacionales, si está en el reglamento religioso que deben acatar los practicantes de esta religión. No pueden tomar alcohol ni tocarlo (al igual que no pueden consumir cerdo ni tocarlo, y por eso muchas cosas están envueltas en papel film.)

El precio es mucho más elevado que en cualquier otro país de la zona (como Camboya, o Indonesia) y no vas a encontrarlo en todos los restaurantes ni mercados. Pero no desesperen: se consigue. El consejo usual es abastecerte en el free shop antes de entrar (¡y hacer que dure!)


Mientras escribo esto, estoy en Bali viendo las cosas en perspectiva. Con sus pro y sus contra, Malasia es una tierra que contagia experiencias únicas, y sé que no soy la misma que llegó hace unos meses atrás. Si tienen ganas de venir para este lado, no lo duden. ¡Van a ver cosas que jamás podrían encontrar en su comfort zone!

Sigan atentos a Kilo India Delta por muchos más viajes y relatos en primera persona de los destinos que recorremos.

Si querés seguir el recorrido de KID a tiempo real, hacé click aquí. 

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